El último artículo de El viaje de una mujer





Hace ocho años comencé un viaje en el mundo de los blogs que me llevó por lugares hermosos. Un viaje de conocimiento en el que cientos de mujeres cruzaron por mi vida. Un viaje en el que experimenté gozo y que llenó mi corazón de todo lo que en ese momento necesitaba.

En ese tiempo, tenía dos hijos pequeños y estaba embarazada del tercero. Mi esposo estaba todo el tiempo de viaje haciendo ministerio en la selva y yo me sentía sola y abandonada por Dios en el lugar más remoto del mundo.

El viaje de una mujer surgió como un rincón en el que ayudar a otras a crecer en su fe, sí, esa era la idea. Pero, antes de poder hacer eso, Dios debía trabajar primero en mí, en mi corazón, en mi vida.

Con los primeros intentos de devocional, volví a encontrarme con mi forma de expresión favorita: la escritura. Soy torpe para hablar muchas veces. Pero las palabras escritas me dan la oportunidad de tejer historias y de expresarme desde lo más profundo de mi ser.

El viaje de una mujer nunca fue un proyecto ambicioso. Tenía la simple intención de compartir contigo lo que yo iba aprendiendo de la Palabra de Dios. A veces aprendía de manera fácil. La mayoría de las veces lo hacía de la forma difícil. Cada palabra que has podido leer en el blog ha sido genuina y real. Has sido parte de lo que el Señor ha hecho en mí a través de estos años y, por eso, te estaré eternamente agradecida.

Sé que esto suena a despedida, pero no lo es. Solo en parte.

Este año, te confieso, comencé a escribir en el blog por rutina, por compromiso. No lo quería dejar porque el sentimiento de responsabilidad para contigo siempre ha sido muy grande, pero ya no podía más.

Estaba vacía. Ya no tenía margen. Mi familia estaba sufriendo. Nuestro ministerio estaba sufriendo. Yo estaba sufriendo. Era hora de dejarlo ir, pero no sabía cómo hacerlo.

Y el Señor, que nos conoce mucho mejor que nosotras mismas, tomó las riendas.

Me dejó sin internet durante meses. Mi salud se deterioró como nunca. Mi matrimonio entró en crisis. No quería parar, pero no tuve otro remedio que hacerlo. Cada vez que intentaba retomar el blog, algo nuevo pasaba que me lo impedía.

Y, ahora, casi un año después, por fin entiendo. La etapa de El viaje de una mujer terminó. Te lo digo con lágrimas en los ojos y una punzada de dolor agudo en mi corazón.

El viaje de una mujer nunca se trató de mí. Se trató de Él y de lo que Él hacía en mí.

Poco a poco, la decisión que debía tomar estaba clara. Pero las preguntas seguían. ¿Y ahora qué? ¿Se terminó todo aquí? Creo que no.

Hay temporadas en las que Dios te pide que dejes aquello que amas para que Él pueda reconstruirte y llenarte una vez más con lo que Él quiere que hagas.

Así que, después de un año de llorar por El viaje de una mujer, es hora de comenzar de nuevo. De empezar de cero, de dejar atrás la red de seguridad de miles de suscriptoras y de lectoras y a lanzarme en caída libre y a dejar que Él haga Su obra una vez más.

El blog de El Viaje de una Mujer siempre seguirá ahí. No lo voy a bajar mientras blogger me lo permita. En ese rincón hay cientos de artículos, materiales y recursos que pienso siguen siendo útiles. Y se van a quedar en el mismo lugar para que puedas acceder a ellos siempre que quieras. Ya no te llegarán emails de El Viaje porque no voy a publicar contenido nuevo ahí, pero podrás acceder a todo a través de https://elviajedeunamujer.blogspot.com/

Pero voy a seguir escribiendo. Creo que el Señor me sigue llamando a usar lo que Él me ha dado. Así que seguiré publicando. Y lo haré en www.edurnemencia.com a partir de ahora. Sin pretensiones, sin presiones, sin ninguna intención más que la de seguir contando en voz alta este viaje que es la vida de la mano de mi Señor y Salvador Jesucristo.

¿Por qué comenzar de nuevo? Porque lo necesito. Porque no soy la misma que hace ocho años. Porque creo que es a eso a lo que Dios me está llamando, a comenzar con frescura, con pasión y con la sola intención de que aquello que Dios hace en mi vida sea útil en la vida de otras también. Comenzar de nuevo volviendo al origen, a lo simple, a la Palabra.

Si quieres acompañarme en este nuevo lugar, serás más que bienvenida. 

Me despido con el último artículo de El Viaje de una mujer. Me voy con un nudo en la garganta, los ojos rojos de tanto llorar y una punzada de vértigo en el estómago. Pero me voy, sobre todo, con agradecimiento en mi corazón, con gozo, con la satisfacción de cumplir Su voluntad.

Si has sido seguidora de El viaje de una mujer durante estos años, gracias. Gracias por cada lectura, por cada comentario, por cada email.  Gracias por cada oración elevada por mí y por mi familia. Gracias por dejarme ser parte de tu vida. Será un privilegio darte, un día, un abrazo gigante en el hogar celestial.


Contenta en Su servicio,

Edurne Mencía

Comentarios

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  2. lamento enorme tu despedida.... me da como un vacio en mi estomago pero al mismo tiempo entiendo que la vida es asi... llena de mil cambios y que en cada etapa nos toca tomar decisiones... senti dolor en cada letra y mi estomago se contrajo al ller que ya estaras mas por aca... mil gracias por ser instrumento del Señor para bendecirnos... tus materiales inspiraron mi vida y la vida de muchas de las hermanas de mi iglesia con quienes lo comparti... Dios te siga usando. Bendiciones

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